Y es que los telespectadores que podrían resultar exigentes con los contenidos, ya no son la audiencia general. Se han ido a la televisión de pago, buscan en internet lo que quieren ver, o directamente prefieren leerse un libro antes que tragarse a la Belén Esteban de turno. Así que la audiencia que cuenta en las estadísticas es en realidad una audiencia residual, “en general con baja formación o y poco poder adquisitivo”. Las audiencias crecen, pero es engañoso. “No es que cada vez haya más gente que vea televisión, si no que la gente ve cada vez más televisión”, argumenta Perales.